*Su dueño fue Don Manuel Madeira, apodado "El Portugués", quien se dedicó a tareas comerciales.
*Su particular disposición en la traza urbana, sin un registro preciso de la limitación de la propiedad, avanza sobre el espacio de la calle, generando un espacio de notable singularidad.
*De antiguedad similar a la Iglesia.
*A una cuadra del Antiguo Camino Real (hoy calle Santa Rosa)
*En esa época las escrituras de tierras llevaban la inscripción "¡Viva la Santa Federación!, ¡Mueran los Salvajes Unitarios!"
*Alguna vez un fabricante de ladrillos de la zona costera santafesina expresó:"...en esa casa estuvo descansando el Brigadier López, cuando desde San José del Rincón, los blandengues y las milicias rinconeras impedían el ingreso de los invasores unitarios y de los aborígenes...".
*Y ahí cerquita, según la tradición oral el célebre cacique Mateo El Grande fue muerto por rinconeros en 1820. Había mantenido en jaque a la ciudad de Santa Fe y al mismo Brigadier López durante años.
(p.51, El Paisaje Costero en S. J. del Rincón -Otros vestigios coloniales- Zarza; Graciela y González; Clelia).

jueves, 23 de mayo de 2013

San José del Rincón es ciudad La Cámara de Senadores dio la media sanción restante para que, por ley, el distrito costero ubicado en el departamento La Capital deje de ser una comuna y se convierta en ciudad. En las próximas elecciones elegirá a su intendente.


La Cámara de Senadores de la provincia dio media sanción al proyecto de ley para que la localidad de San José del Rincón deje de ser comuna y pase a ser ciudad, y que ya contaba con la aprobación de Diputados.

De esta manera, Rincón se transformó en la ciudad número 51 de la provincia de Santa Fe.

La propuesta surgió de acuerdo a la cantidad de habitantes reflejado en el Censo 2010 (para ser considerada ciudad hay que superar la barrera de los 10 mil habitantes).

Hace dos años fueron censados 10.178 habitantes (5.039 varones y 5.139 mujeres), pero recién hace unos días el gobierno nacional difundió datos de población por distrito (sólo había resultados por departamento y por provincia).

El número de rinconeros nativos o por adopción no es una sorpresa: en 2001 había 8.503 pobladores: un crecimiento vertiginoso del 37 % respecto del Censo de 1991, que había contado a 5.355 personas.

De la progresión, tomó nota el diputado provincial Leandro Busatto (FPV), que presentó -en julio del año pasado- un proyecto de ley que disponía la declaración de ciudad, basado en la proyección lógica de los resultados. Los cálculos al joven legislador le dieron unos 2 mil habitantes más, pero para el caso lo importante es que -en efecto- se ha pasado la barrera de los 10.000.

Con esa novedad, el senador por La Capital, Hugo Marcucci, anunció presentó un proyecto de ley del mismo tenor, pero que además se ocupe de resolver todo lo necesario para que en las próximas elecciones Rincón vote ya no como un pueblo autoridades comunales, sino a su intendente y a seis concejales.

San José del Rincón es ciudad

sábado, 18 de mayo de 2013

El día de la Escarapela: 18 de mayo

La Escarapela de la Argentina es uno de los símbolos nacionales de la Argentina, instituida por un decreto del 18 de febrero de 1812 del Primer Triunvirato. El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que fueron elegidos para simbolizar a la Patria no pueden establecerse con precisión. La teoría más aceptada por los historiadores en la actualidad es que tomó sus colores del emblema de la Casa Real de Borbón.
La primera fecha aproximada del uso de los actuales colores patrios argentinos es la del 19 de mayo de 1810, ocasión en la que fueron utilizados por un grupo de mujeres que se entrevistaron con el Coronel Cornelio Saavedra. El 23 de marzo de 1811 la escarapela fue usada como distintivo de los opositores a la mayoría de la Junta Grande. El 13 de febrero de 1812 Manuel Belgrano -mediante una nota- solicitó al Triunvirato que se fije el uso de la escarapela nacional. El 18 de febrero de 1812 el poder constituido por el Triunvirato hizo saber al Jefe del Ejército Mayor que: "el gobierno ha resuelto que se reconozca y se use por las tropas la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que deberá componerse de dos colores, blanco y celeste, quedando abolida desde esta fecha la roja que antiguamente se distinguía". El 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano solicitó mediante una nota al Triunvirato que se fije el uso de la escarapela nacional bicolor: celeste y blanco. El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y celeste:
"Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y celeste [...]".
El Día de la Escarapela fue instituido por el Consejo Nacional de Educación, en 1935, y su celebración se efectúa el 18 de mayo.

jueves, 9 de mayo de 2013

El 9 de mayo de 1636 un cuadro de la Inmaculada comenzó a derramar hilos de agua e inmediatamente comenzaron a producirse milagros de sanación. El 9 de mayo de 1936 el Papa Pío XI otorgó la Coronación Pontificia al cuadro de Nuestra Señora, cambiándolo al centro del altar mayor. Nuestra Señora de los Milagros, fue declarada Patrona de la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús...




Un 15 de noviembre de 1573, a orillas del Río de los Quiloazas, nacía la ciudad de Santa Fe. Su fundador, Don Juan de Garay, daba cumplimiento al mandato de abrir puertas a la tierra. Esta expresión señalaba la necesidad de establecer un puerto intermedio entre Asunción y Buenos Aires, que sirviera de escala segura para los viajeros. Los fundadores que vinieron con Garay, eran criollos nacidos en estas tierras y le darán a la ciudad el carácter de una nueva síntesis cultural mestiza. El naciente caserío manifiesta pronto su deseo de contar con la presencia de religiosos de la Compañía de Jesús. En 1595 los cabildantes le escriben al Padre Provincial Juan Romero, residente en Asunción, suplicándole el envío de religiosos jesuitas. Este pedido fue satisfecho recién en 1609, cuando llegaron a Santa Fe, el Padre Francisco del Valle y el Hermano Juan de Sigordia. Al año siguiente comenzará a edificarse la escuela y la iglesia que los jesuitas ocuparon hasta el traslado de la ciudad, hecho ocurrido entre los años 1651 a 1660 aproximadamente, en el sitio que actualmente ocupa. En 1634 de paso por la ciudad rumbo a la Reducción de San Ignacio Miní, un artista de fina sensibilidad, el Hermano Luis Berger. A pedido de los Congregantes Marianos, accedió gustoso a representar la Mujer del capítulo 12 del Apocalipsis. El cuadro se llamó como la Congregación mariana: “de la Pura y Limpia Concepción”. Fue plasmada en un lienzo que mide 1,33 x 0,96 m y que actualmente se venera en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros de Santa Fe. EL SUDOR MILAGROSO Y OTROS MILAGROS ACONTECIDOS El sol ya tomaba distancia del horizonte de islas en la fresca mañana de otoño, iluminando el humilde caserío. Era el 9 de mayo de 1636 y la pequeña Santa Fe iniciaba un nuevo día de arduas tareas. En el templo de la Compañía de Jesús, edificado sobre uno de los costados de la plaza mayor, el Padre Rector del Colegio y de la Iglesia, Pedro de Helgueta, oraba arrodillado frente al cuadro de Nuestra Señora, como todas las mañanas. Habiendo finalizado la Misa, alrededor de las ocho horas, el Padre levantó la vista hacia el cuadro y se sorprendió por lo que creyó era humedad del ambiente condensada en la pintura. Pero pronto comprendió que el brillo tenía un origen distinto. Incorporándose descubrió que de la mitad de la Imagen para arriba la pintura estaba totalmente seca, mientras que hacia abajo corrían hilos de agua resultantes de innumerables gotas emanadas en forma de sudor. Siguió recorriendo con la vista hacia abajo y comprobó que el caudal ya estaba mojando los manteles del altar y el piso. Al ver el asombro del sacerdote, varias personas que aún permanecían en la iglesia se acercaron y pudieron conocer lo que estaba ocurriendo. Comenzaron a embeber aquel agua en algodones y lienzos, mientras el número de fieles y curiosos crecía junto al júbilo y las exclamaciones. Las campanas de la Iglesia no pararon de repicar, para anunciar a todo el pueblo lo que estaba sucediendo. A pocos minutos llegaron el Vicario y Juez Eclesiástico de Santa Fe (Cura Hernando Arias de Mansilla), el Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (don Alonso Fernández Montiel), el General Don Juan de Garay (hijo del fundador) y el escribano del Rey, Don Juan López de Mendoza. Subido en un banco, el propio Vicario tocó con sus dedos la tela del cuadro, procurando contener los hilos de agua que descendían, pero por el contrario, continuaba manando copiosamente cambiando de dirección al contacto con la mano. Esto duró algo más de una hora, como lo atestigua el acta que se conserva hasta hoy en el Santuario. También se conserva una reliquia de los algodones tocados en el sudor y que besan agradecidos todos los fieles cada 9 de mes. En las semanas, meses y años siguientes a este milagro, comenzaron a sumarse otras numerosísimas manifestaciones del amor de Dios para con sus hijos. Las curaciones más asombrosas fueron también recopiladas por el Escribano del Rey. Así fue que los santafesinos empezaron a invocar a su Madre con el título de “Nuestra Señora de los Milagros”. En pocos días, Monseñor Cristóbal de Aresti, Obispo de la Diócesis de Asunción del Paraguay, de la que dependía entonces Santa Fe, reconoció al sudor como auténtico milagro, pues según los requisitos establecidos por la Iglesia, se contaba con suficientes testimonios probatorios del extraordinario suceso. En tal sentido las actas labradas, la calidad y cantidad de testigos y las reliquias conservadas por la gente que seguían obrando curaciones, daban fe de ello. Antes de cumplirse el año de este suceso, el 22 de diciembre, el propio Monseñor Aresti pudo pasar por Santa Fe, camino hacia Buenos Aires, y certificar personalmente estos acontecimientos milagrosos. EL TEMPLO Hacia 1660 se había
completado el traslado de la ciudad a unos 80 kilómetros más al sur, al sitio que hoy ocupa. Diversas razones motivaron este desplazamiento, entre las que podemos citar las periódicas inundaciones, el constante acecho de los malones de aborígenes que tenían en vilo a los pobladores y las plagas de langosta que devoraban las pocas cosechas. En la nueva ciudad, que pasó a llamarse Santa Fe de la Vera Cruz, los padres jesuitas ocuparon el mismo lugar que tenían en Santa Fe La Vieja. El templo actual, declarado Monumento Histórico Nacional en 1942, se terminó de construir en 1670. Al cumplirse los 300 años del sudor milagroso, fue erigido como Santuario el mismo día que se realizó la Coronación Pontificia del Cuadro. A su lado se encuentra el Colegio de la Inmaculada Concepción, de fecunda y dilatada trayectoria en la educación de la juventud. La primitiva fachada aun conserva una placa indicando el año de su origen: 1660. La construcción original completada en 1700 contaba con una torre en su lado Norte, que se derrumbó en 1714, estando actualmente cubierta la superficie que ocupaba, con un techo de chapas sobre tirantería de madera a nivel superior de su frente del mismo lado, carente de elementos decorativos y de superficie totalmente plana. En el nivel inferior y a manera de cripta se encuentra el cementerio, ocupando en el subsuelo una parte de la nave lateral Norte. En el eje de la nave central, una puerta con arco de medio punto, enmarcada por pilastras y un dintel recto, sirve de acceso principal y único desde la calle. Casi sobre el mismo plano y a nivel del coro interior, vemos tres ventanas, rematadas con frontis de molduras curvas que sirve de cierre superior, la central y mayor, cegada interiormente con pared, posiblemente para dar protección térmica al órgano Cavaillé-Coll de gran valor patrimonial. La torre actual terminada en 1755, responde en cambio, a un planteo arquitectónico provisto de ornatos, pilastras, cornisas y vanos que rematan en un campanario coronado por una espadaña cuadrangular con pilares en las esquinas. Cuenta con tres niveles: El primero sirve de acceso al coro; el segundo al campanario propiamente dicho, que cuenta con tres campanas suspendidas de vigas de madera dura; y por último el que accede a la espadaña. Todos ellos con estructura de vigas y alfajías de madera que sostienen ladrillos de plano como soporte del contrapiso y piso de cemento. Por dentro son visibles los dinteles, refuerzos horizontales y verticales insertos en la mampostería primitiva de gran espesor y rusticidad desprovista de revestimientos o revoques. El interior del templo contaba con una nave de planta rectangular y cruz latina, conservando aun los primitivos muros de tapia, piedra del Río Paraná y ladrillos de adobe, con espesores de más de 2 metros en algunos casos, techado a dos aguas con cubierta de tejas, actualmente de chapas galvanizadas sobre cielorraso de yeso, como cañón corrido. A principios del siglo pasado se le agregaron naves laterales, por el lado Norte ocupando el antiguo cementerio y por el flanco Sur en parte del actual Patio de los Naranjos, unidas espacialmente con la nave central por tres arcos de medio punto, introduciendo al mismo tiempo, elementos decorativos de estilo neoclásico que nada tienen que ver con la concepción , simpleza y primitivismo de las primeras etapas de su construcción, netamente colonial . Estas naves laterales tienen en su cubierta, tres cupulines de planta circular y bóveda esférica que sobresalen exteriormente haciendo más evidente la falta de unidad. Merecen especial mención los seis vitrales existentes en sus paredes Norte y Sur, como así también las dos puertas unen el interior de la Iglesia con el Patio de los Naranjos del Colegio de Inmaculada Concepción. El templo se complementa con obras destacables de arte colonial guaraní, particularmente el Retablo Mayor (reducción de Loreto, 1720), los confesionarios tallados, y dos imágenes del barroco: el “Cristo de la Columna” y “Cristo de la Paciencia”, realizados en madera policromada de mediados del S. XVIII y también provenientes de las Misiones jesuitas. Son de destacar importantes óleos: “De la Pura y Limpia Concepción”—el más antiguo elaborado en territorio argentino (1634)—por el Hno. Luis Berger sj. El Descendimiento (1614) del Hno. Bernardo Rodríguez sj, “El momento del Milagro” (1919), de Cingolani; “Santa Teresa de Jesús”, de Sor Josefa Díaz y Clucellas. La Iglesia cuenta además con un órgano Cavallié Coll (1889), de fabricación artesanal francesa. En la ante sacristía se puede visitar el “Confesonario para sordos” y el lavamanos tallado en piedra sapo. El presbiterio fue objeto de arreglos al introducirse los cambios en la liturgia, acordadas por el Concilio Vaticano: Se colocó piso de mosaicos calcáreos y un escalón de madera en donde estaría el comulgatorio, salvando el desnivel. Además se retiró del retablo la mesa del altar mayor, centrándolo para la celebración de la Misa de cara a los fieles. Este retablo, hecho en la antigua reducción de Loreto -al igual que el púlpito- aloja en su centro el milagroso cuadro de la Virgen de los Milagros pintado en el año 1634. En relación con el espesor de los muros, se destaca su aprovechamiento espacial, en el caso del púlpito, construida en su interior la escalera de acceso y en la antesacristía o sacristía Sur, un habitáculo socavado de dos metros de ancho, con puertas de madera cribada y tallada, con vista directa al presbiterio a través de una pequeña ventana de cuatro vidrios repartidos. RECONOCIMIENTOS Con la expulsión de la Compañía de Jesús de las tierras españolas, y con las severas restricciones de mantener cerrados el Colegio y la Iglesia, el culto a Nuestra Señora de los Milagros se tuvo que suspender desde 1767 hasta 1862. Ante las insistencias de los congregantes y feligreses, el Cabildo permitió retirar el cuadro de la Iglesia (cerrada al público) y trasladarlo a la Iglesia Matriz (Catedral). Recién unos veinticinco años más tarde se regresó con júbilo a su altar, con la llegada de los padres Mercedarios, quienes vivieron en el Colegio y se hicieron cargo de la Iglesia. Tuvo que correr casi un centenar de años para que los Jesuitas volvieran a Santa Fe; sin embargo el amor a María y el agradecimiento a Dios por los milagros nunca se olvidaron. El 9 de mayo de 1936 el Papa Pío XI otorgó la Coronación Pontificia al cuadro de Nuestra Señora, cambiándolo al centro del altar mayor. Presidió la ceremonia el Cardenal Santiago Copello y vinieron fieles y jesuitas de otras regiones del país. La Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de los Milagros, fue declarada Patrona de la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Virgen de Luján o Nuestra Señora de Luján, festividad 8 de mayo, es una de las advocaciones con la que se venera la figura de la Virgen María en el catolicismo. Se la considera patrona de Argentina, Paraguay y Uruguay.

Corría el siglo XVII, Antonio Farías Sáa, era un hacendado portugués radicado en Sumampa, Santiago del Estero, que quiso erigir en su estancia una capilla en honor a la Inmaculada Concepción de María.
Él solicitó a un marino amigo suyo, residente en Brasil, una imagen de la Inmaculada Concepción de María. Para una mejor elección, su amigo le envió dos imágenes. En el mes de mayo de 1630, las imágenes de la Virgen llegaron al Puerto de Buenos Aires procedentes de San Pablo y, acondicionadas en sendos cajones, fueron colocadas en una carreta.
Tomando hacia el norte, por el camino viejo a Córdoba (Ruta Nacional Nº8), luego de dos días de viaje, la caravana a la cual se incorporó la carreta hizo un alto a 5 leguas de la actual ciudad de Luján, en el paraje de Zelaya, para pernoctar en la Estancia de Rosendo de Trigueros.



Reproducción de Nuestra Señora de Luján

Capilla del Milagro de la Virgen de Luján

Representación de la escena en que se descubre la imagen de Nuestra Señora de Luján en una de las cajas transportadas en carreta desde Buenos Aires. El hecho habría tenido lugar en el paraje de Zelaya, en la provincia de Buenos Aires.

Basílica de Nuestra Señora de Luján.
Nuestra Señora de Luján: Encargo y viaje; Construcción de una ermita y traslado posterior; Nuestra Señora de Luján en la Historia argentina

8 de mayo de 1527. Gaboto descubre el río Paraná. Después de fundar el fuerte San Juan, en la costa oriental del Río de la Plata, don Sebastián Gaboto -piloto mayor de España- penetra en este gran río afluente y lo navega hacia arriba.




El río en la historia
El nombre Paraná, que tiene nuestro río, significa "pariente del mar". Su descubrimiento se remonta al siglo XVI, cuando Juan Díaz de Solís descubre el Río de la Plata y comienza la expedición de estas regiones.
El sistema mercantilista y la búsqueda de metales preciosos influyeron en el espíritu de los españoles para buscar las famosas tierras del plata. Los indígenas contaban que remontando el río descubierto por Solís, se llegaba a la región del "Rey Blanco", donde había grandes cantidades de riquezas. Esto provocó el desvío de las expediciones.
El sistema mercantilista y la búsqueda de metales preciosos (oro y plata ) influyeron en el espíritu de los españoles para buscar las famosas tierras del plata.
Los indígenas contaban que remontando el rió descubierto por Solís, se llegaba ala región del " Rey Blanco " donde había grandes cantidades de riquezas.
Esto influyó en el desvió de las expediciones españolas.
Sebastián Gabato recorrió el rió Paraná hasta la desembocadura del Paraguay.
Expedición de Gaboto
Sebastián Gaboto Piloto mayor de España partió el 4 de mayo de 1525 a Maluco con el fin de buscar riquezas (especies) La expedición partió de San Lucas de Barrameda en abril de 1526.
Gaboto decidió cambiar el derrotero y penetrar el río de Solís que lo conduciría a anheladas tierras con riquezas. No todo era leyenda, pues supo que en el Puerto de los Patos. Alejo García llegó hasta las estribaciones de Cochabamba, y traía un tesoro cuando fue muerto por los indios.
Solís entró al Río de la Plata. En abril llegó a un punto que llamó San Lorenzo en la costa septentrional de Río Platino. Allí dio con Francisco del Puerto supervivientes de la expedición de Solís. Con este acordó navegar el Paraná de las Palmas. El 8 de marzo de 1527 en una carabela y la galeota americana, se pusieron en marcha juntamente con un importante núcleo de españoles.
A fines de 1527, Gaboto inició su derrotero al norte en una época inadecuada para la navegación, lo que le ocasionó demoras, hambres y penurias.
Al sirgar los españoles, sus naves pisaron la otra banda de los charrúas (Entre Ríos)
Navegaron el Paraná Medio y parte meridional del Paraná Superior hasta lo del cacique. Yaguarón (Itatí, Corrientes)